Gustavo Alfaro, entrenador de la Selección Ecuatoriana de Fútbol, conversó con el portal The Coaches Voice sobre el reto de pasar de la dirección de clubes al manejo de un combinado nacional.
Su llegada a la ‘Tri’: «No fue una decisión fácil. Y menos cuando tienes que tomarla en medio de una pandemia. Pero después de dirigir a Boca, sentí que lo que tenía que hacer en Argentina estaba cumplido. Por eso, decidí dirigir una selección, un reto que siempre me había hecho cuestionarme mi capacidad como entrenador».
La adaptación a una selección: «Es un choque muy fuerte al principio, pero es una aceptación de que después también hay muchos tiempos que uno valora y que en el día a día antes no lo tenía. Uno pude ser más reflexivo, tener mucho mayor poder de observación, puede estar mucho más en los detalles».
Las ventajas de ser un seleccionador: «A veces, en el día a día (con los clubes) cuando tenemos competiciones internacionales y tenemos competiciones locales estamos jugando cada dos o tres días y tenemos que estar tomando decisiones permanentemente. Eso hace que algunas veces los detalles se nos pueden escapar. Aquí (en las selecciones) hay mucho más tiempo para entrar en los detalles y eso es lo que tiene a favor el hecho de ser un seleccionador y no un entrenador».
Lo diferente de ser DT de un club a ser un seleccionador nacional: «Lo primero es la gestión del grupo. En una selección nacional están las mejores figuras de un país. Más allá de la jerarquía o los lugares y competiciones donde puedan estar jugando los futbolistas. Así que, como entrenador de una selección, es como que tienes el libro de pase abierto. En una selección tienes la opción de elegir a los jugadores que consideres oportunos en cada convocatoria, pero obviamente siempre teniendo en cuenta que también están los que mejor trayectoria han tenido y los que han conquistado cosas».
La prensa, otro reto de dirigir a una selección: «También manejar la parte de exposición a los medios, que es muy grande. Porque uno sabe que después del presidente de la nación, el seleccionador es una de las personas más escuchadas. Eso no quiere decir que tenga razón o que lo que uno diga sea consistente, pero lo que uno diga tiene una repercusión mucho más grande que si la dice desde otro lugar».
Boca Jrs fue un pasó importante para tomar la decisión de entrenar a Ecuador: «A mí el hecho de haber dirigido a Boca Juniors el año anterior, en 2019, me dio la posibilidad de tener un escenario muy cercano a todo esto, porque dirigir a Boca es como dirigir una selección. Nada más que todos los días».
Los jugadores de una selección son diferentes a los de un club: «El trabajo de un equipo es más paulatino y si, de pronto, uno tiene que cuidar a un jugador para que llegue bien el fin de semana, lo va cuidando durante la semana. Pero en una selección no. El jugador llega como llega y en relación a eso tienes que adaptarlo y adaptarte tú. Y más las Eliminatorias de Sudamérica, muy agresivas en ese aspecto porque es muy disímil: los escenarios, las distancias, las geografías, los climas».
Ese cambio repentino lo vivió con Ecuador: «Los tiempos son perentorios y no hay margen, muchas veces se trabaja sobre la marcha. No tardé en darme cuenta de ello. Ante Bolivia, yo tenía un equipo y resulta que cuando llegó el día del partido tenía seis jugadores diferentes en el once a los que yo había analizado en la preparación».
Sus trabajos como comentarista de Mundiales ayudó a su formación como seleccionador: «Desde el Mundial de Alemania 2006 tuve la posibilidad de compartir con otros entrenadores que trabajaban en los IBC de prensa -el espacio compartido por los diferentes medios de comunicación de todo el mundo- para distintas compañías, y ahí es donde uno se pone a hablar de fútbol, empieza a analizar, expone sus ideas… Analizar la función que uno cumple, pero que está cumpliendo en cierto punto otro, desde otro lugar. Porque una cosa es ser entrenador de un equipo donde uno tiene la continuidad para trabajar con un plantel y otra distinta es ser un seleccionador. Eso me daba una perspectiva mucho más acabada de lo que podía ser el rol de seleccionador. Un poco eso fue lo que traté de aprovechar en todo este tiempo».
Su objetivo con Ecuador: «Siempre fue un ejercicio para eventualmente estar preparado para este nuevo escenario. Una etapa más, como diría el profe Bilardo (entrenador campeón con Argentina en el Mundial 86), de este camino que recorro desde los 28 años. Y con un nuevo sueño en el horizonte: Qatar 2022. Mi primer Mundial como seleccionador».
Por: Sebastián Dávalos A.


