Gustavo Alfaro, nuevo entrenador de la Selección Ecuatoriana de Fútbol, expresó sus sensaciones de llegar a dirigir a nuestro combinado nacional.
«Es un orgullo y placer asumir este lindo desafío. Desde la primera charla se me encendió un anhelo, desde que se empieza esta carrera se sueña con dirigir una Selección», inició el entrenador de 58 años.
«He venido observando al fútbol ecuatoriano y me gusta cómo se vive el fútbol. Haremos lo imposible para que Ecuador esté en la próxima Copa del Mundo», agregó.
«Vengo analizando jugadores, equipos, rendimientos. Me puse a analizar eliminatorias anteriores y lo que fue la Copa América pasada. Nosotros los seleccionadores, seleccionamos los mejores jugadores», continuó.
Sobre las razones de su elección para trabajar en la ‘Tri’, explicó: «Vengo a tratar de sumar mis sueños, ilusiones, las experiencias de 27 años de carrera. A trabajar desde el primer día hasta el último para que la gente se sienta identificada con el equipo y jugar la próxima Copa del Mundo».
«Yo no vengo a cambiar nada. Uno tiene que adaptarse a la idiosincrasia de cada país y de cada cultura de donde está. Mi compromiso es trabajar desde el primer día hasta el último día y dar lo mejor de mí», sentenció el ex estratega de Boca Juniors y otros tantos equipos de Argentina.
«Quiero ir a Ecuador inmediatamente, porque quiero ponerme a trabajar ya. Quiero ir a la cancha, visitar los entrenamientos, hablar con los entrenadores, y tener una relación mucho más cercana con los equipos, para ver estado de formas», añadió.
Acerca de su relación con Jorge Célico, comentó: «Tengo una relación muy linda y cercana con Jorge, he hablado con él esta mañana, y en la tarde lo volveré a hacer. Es un reto muy lindo para mi».
En cuanto como le gusta que se manejen sus equipos, puntualizó: «Me gustan los equipos cortos, los equipos dinámicos, los equipos que presionen en el campo contrario. El biotipo del jugador ecuatoriano contribuye con estos criterios. Quiero tener un equipo confiable, con sentido de pertenencia, que sepa fortalezas y debilidades de los rivales».
Por: Sebastián Dávalos A.


